Laicidad y símbolos patrios

Si laicidad implica valores afines como tolerancia, pluralidad, privacidad, libertad de conciencia y secularización, Rodolfo Vázquez señala una crisis de tales valores en México en el tiempo de Fox. De ello se derivan una serie de circunstancias que atentan contra la laicidad, como la consideración de “discriminación negativa” al hecho de prohibir la enseñanza religiosa en las escuelas públicas, las dificultades con la “píldora del día después”, las uniones de homosexuales y la calificación de “delito” al ultraje de los símbolos patrios. Este último punto es quizá el más sorprendente para nuestra sensibilidad argentina, al menos desde mi punto de vista personal. Entendamos por “símbolo” la coinicidencia de lo sensible y lo insensible, un nexo metafísico de lo visible con lo invisible. En tal caso el autor tiene razón pues si la contemplación visible y el significado invisible no pueden separarse uno de otro, esta “coincidencia” entre las dos esferas es algo que subyace a todas las formas del culto religioso[1] Ahora, ¿de qué religión estamos hablando? ¿Cabría una distinción entre “culto religioso” en su acepción común y la “religión civil” de Rousseau? “Hay, por lo tanto, una profesión de fe puramente civil cuyos artículos corresponde fijar al soberano, no precisamente como dogmas de religión sino de sociabilidad, sin los cuales es imposible ser buen ciudadano ni súbdito fiel[2] Rousseau agrega en una nota que “César, al defender a Catilina, trataba de establecer el dogma de la moralidad del alma; Catón y Cicerón, para refutarlo, no perdieron tiempo en filosofar y se limitaron a mostrar que César hablaba como un mal ciudadano y proponía una doctrina perniciosa para el Estado. En efecto, el Senado de Roma debía juzgar de esto y no de una cuestión de teología” El objeto de la cita de Rousseau es mostrar que Vázquez le estaría pidiendo a la justicia que actuara no como poder del Estado sino con criterio cosmopolita, lo cual es una contradicción: “un juez laico entendería que la laicidad es un compromiso para asegurar y garantizar el ejercicio de todas las libertades…[3]; la referencia a “todas las libertades” ¿incluye aquéllas expresamente limitadas por el derecho positivo? Para no afirmar que Vázquez se contradice o que pide un imposible, podríamos interpretarlo de una manera más piadosa y suponer que lo que pretende no es que los jueces entren en rebeldía contra la propia ley que están obligados a respetar, sino que apuntaría a concientizar al Legislador para que produzca los cambios tendientes a asegurar “todas las libertades”, recién luego de lo cuál los jueces podrán actuar como pide el autor.



[1] Gadamer Hans-Georg, Verdad y Método, ed. Sígueme, Salamanca 1988, pág. 111.

[2] Rousseau J.J., El contrato social, Capítulo VIII, De la religión civil,

[3] Vázquez, Rodolfo, Laicidad, ed. Coyoacán, pág. 11. El subrayado es mío.

2 comentarios to “Laicidad y símbolos patrios”

  1. Juan Manuel Dice:

    No había prestado atención, o no había escuchado, la última oración de tu respuesta. Creo que esa línea de lectura es fundamental para no “malinterpretar” al autor. Considero que lo que Vázquez esta haciendo en la presentación al libro, es una critica al modelo actual mexicano, por tanto, no podría pedir una coherencia absoluta entre los modos de actuar del gobierno y sus representantes (en el caso que tendieran a una postura absolutamente laica) frente a un corpus legal establecido desde un tiempo bastante anterior (anterior respecto a nuestra “actualidad cosmopolita” o tendiente a esta).
    Creo interesante la postura de Salazar Carrión, quien dice que “laico no es el que carece de creencias o convicciones, sino el que considera que sus creencias y convicciones deben estar sustentadas en razones y en la experiencia, y en consecuencia, pueden y deben someterse a un examen critico permanente, como única vía adecuada para difundirlas, profundizarlas, rectificarlas o incluso rechazarlas.” desde este punto de vista, cobraría mayor sentido el hecho de las iteraciones democráticas (Cf. Benhabib) como búsqueda de solución a los problemas de fondo del ámbito legal; con lo que esa contradicción que vos marcas en el escrito de Vázquez quedaría en cierto modo subsanada.

  2. elrelojdekafka Dice:

    Tu interpretación es perfectamente posible. Creo, por mi parte, que es difícil saber lo que el autor quiere decir; prefiero leer el texto y ver qué es lo que dice el texto y darle las comprensiones posibles, todas o al menos las más salientes. Eso me parece que enriquece el trabajo filosófico; no dejar nada sin analizar o interpretar, no dar nada por supuesto. Cuando uno supone lo que el autor quiere decir ya desde el inicio está, me parece, haciendo una interpretación “cargada” con nuestra propia teoría al respecto. Sería como “la carga teórica de la observación”, en este caso de la “interpretación”.

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